Por Roque Ariel Grande
Cuando por voz de todos, se comienzan a coartar libertades por partes de quienes están en el Poder, es justamente el periodismo el encargado social de encender la luz de alerta. No por ejercer un martirio social ni muchos menos, sino más bien por ser fiel y leal a su esencia social, sin transformarse en juez y parte, pero con el firme compromiso social que hace posible la actividad del periodismo. Esto no quita que todos aquellos que ejercen la actividad, sean nobles a este concepto básico y elemental de una actividad social en continuo desarrollo, como es la comunicación social.
En virtud a esto, desde El Independiente queremos revivir un conflicto que se planteó llamativamente hace cosa de un año, más precisamente en abril de 2011, cuando en librero de la ciudad de Villa María fue denunciado ante el organismo nacional con sede en Córdoba, INADI, por “vender material discriminatorio y hacer una apología del fascismo”. El hecho significó un constatación de hechos que se venían registrando en el país, donde en pos de la libertad de la diversidad de géneros, se comprometían libertades de pensamiento, ideología, razas y religión.
Habilitamos nuestra dirección de correo electrónico para todas aquellas personas que quieran expresarse sobre el tema, ya sean de Argentina o del resto del mundo, a favor o en contra de esta publicación digital que haremos a continuación.
elindependienteonline@gmail.com
Vale señalar por último que buscar en la memoria colectiva del pasado reciente, nos puede ser útil socialmente para poder interpretar los futuros actos sin sorpresas ni ingenuidades.
Damos a continuación reseña del hecho anticipado, publicado en el semanario de papel, El Regional, el pasado mes de mayo de 2011.

-Hace menos de un mes, en una librería de nuestra ciudad, ocurrió un hecho tan curioso como preocupante. Una mujer entró a comprar literatura sobre los horrores del Holocausto y el librero, tal como lo requería su clienta, le mostró ese material. Acto seguido, el comerciante, ya sea por mera sugerencia bibliográfica o por lo que fuese, le dijo a la mujer: “también tengo estos otros libros, señora, para que tenga además otra visión de la historia sobre el nazismo”. La frase del librero chocó tanto a la mujer, que devino en discusión acalorada y finalmente en un portazo. Una semana después, el comerciante recibía una citación del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) para declarar en Córdoba. ¿La acusación? “vender material discriminatorio y hacer una apología del fascismo”, instando dicha institución al librero a que retire esos libros de sus estantes.

Escribe: Iván Wielikosielek

¿Una nueva Inquisición?
Quien suscribe esta nota, debe confesar que se sintió alarmado al enterarse de esta noticia. ¿No vivimos acaso en un país democrático en donde cada persona tiene derecho a decir lo que piensa? ¿No vivimos acaso en un país liberal en donde un comerciante tiene derecho a la venta libre? ¿O es que el material exhibido en una librería tiene que pasar por una censura previa? ¿Vender libros de corte fascista y decir lo que uno piensa ya son “cargos” para realizar una denuncia por apología del fascismo?
Cuando escuché esta noticia, no pude no pensar en la quema de libros en épocas de la Inquisición, o para venirnos más acá en el tiempo y en el espacio, en las fogatas de libros ordenadas por la última Junta Militar. Los libros son patrimonio de todos los hombres, y si en un país se los quema, se los prohíbe o una denuncia los saca de una vidriera, ese país no goza de total libertad. Los libros son documentos históricos, una data a la que todo ciudadano debe tener derecho, por más que sean portadores de discursos “políticamente incorrectos”.
La pregunta es: ¿quién es más fascista? ¿El librero que vende libros de ideología pro-nazi o esta señora que por esa razón lo acusa de fascista y pide que esos libros sean retirados de vidriera? Lo que hago es tan sólo una pregunta. No intenta ser una acusación. Lo que pienso con preocupación es que, siguiendo el criterio de esta señora, todas las librerías importantes del país debieran declarar en el INADI. Por eso, para saber “de qué hablamos cuando hablamos de Fascismo”, EL REGIONAL entrevistó a Daniel Lasa, especialista en Filosofía Política.

De qué hablamos cuando hablamos de Fascismo
Cuando del doctor Lasa escucha la historia de la mujer y el librero, no puede dejar de reírse. “Es que no lo puedo creer”, dice. “El modo de actuar de esta mujer es totalmente contradictorio. Es desconocer el rumbo que ha tomado Occidente, que es el Liberalismo, se esté de acuerdo o no. Lo que me llama la atención, es que el INADI esté en la misma situación que esta mujer”.
-¿Su pensamiento sobre el INADI?
-Que es un organismo utilizado por el gobierno de acuerdo a sus intereses. Lo dirigen contra un enemigo, pero un amigo puede infringir cualquier ley que no le van a decir nada. Caso concreto fue el de Hebe de Bonafini, que en el discurso del Bicentenario hizo una apología de la lucha armada de los ´70. Pero que yo sepa, a ella nadie la denunció. En barrio Parque de esta ciudad, hay un monumento al “Che” Guevara. ¿Nadie denuncia el monumento de quien en su lucha asesinó? ¿Nadie dice que esa estatua es una apología a la violencia y los métodos antidemocráticos cuando Guevara fusiló gente por decreto, diciendo que “la única metodología es el exterminio del enemigo?”.

-¿Por qué cree que nadie denuncia esa estatua?
-Porque seguramente si entran a hilar fino, van a ver que detrás está el gobierno municipal o el gobierno de la Nación. Como te decía antes, los amigos pueden infringir cualquier ley. Para ellos, los “fascistas” siempre son los otros.

-¿Y qué se entiende por “fascismo” en Argentina?
-La gente del pie de calle no sabe de lo que habla porque no lo leyó a Giovanni Gentile, que es su ideólogo. La gente se nutre de los medios de comunicación, que no recurren jamás a ninguna fuente. Los medios aplican la categoría “fascista” para demonizar al enemigo. Porque si yo digo que mi enemigo es fascista, automáticamente lo anulo, lo “mato civilmente”, como decía Gramsci. Y así me eximo de toda argumentación y todo diálogo.

-Cuando se dice de alguien “es facho”, en realidad se está diciendo que es totalitarista…
-Exactamente. Y según el filósofo Augusto Del Nocce (Italia, 1910-1989), el Totalitarismo aparece en el Siglo XX cuando se borra la dimensión religiosa del hombre. El que no reconoce a Dios, se ha convertido en ley. Y el totalitarismo equivale a decir: no admitiré más ley que la que me doy yo. Por eso surge la famosa frase de Mussolini: todo dentro del Estado, nada fuera del Estado. El interés de la decisión. Todo lo que sirva para acrecentar mi poder y mantenerlo, eso será ley.

-¿El totalitarismo no hace distinción entre izquierda y derecha?
-Para nada. Una vez, alguien que me confesó haber sido guerrillero, me dijo “porque el dictador Videla, que estuvo 9 años en el poder”. Y yo le dije “como el dictador Fidel Castro, que estuvo 40 años. Pero él se enojó. Para él, el único dictador era Videla. Castro, en cambio, era un héroe.

Breve historia del Fascismo
Pero ¿quiénes fueron Giovanni Gentile y Antonio Gramsci? ¿Cómo nace el concepto filosófico de “Fascismo”? Lasa lo explica con marcada síntesis.
“Como teoría, el Fascismo nace a fines del siglo XIX en Italia, como una revisión y actualización del Marxismo. Y nace con una obra muy concreta de un filósofo muy joven, Giovanni Gentile (1875-1944), quien escribe en 1898 La filosofía de Marx, libro que será el sustento de Mussolini. Gentile se pregunta ¿qué hay que hacer con el marxismo si lo queremos renovar? Quitarle el elemento que lo hace estático, es decir, el materialismo. Porque Gentile quiere marcar la dinámica de todo. Para él, la vida es un constante hacerse de todas las cosas. Nada está quieto. La categoría que se sigue de este modo de pensar, es la de Revolución. Pero ni Gentile ni Mussolini (1883-1945) van a llegar hasta allí”.

-¿Por qué?
-Porque contrariamente a la categoría de Revolución, ellos utilizarán la palabra “Resurgimiento”. Quieren decir que tanto en Política como en Filosofía, las cosas cambian pero manteniendo la situación que tenían anteriormente; un “conservar superando”.

-Esto fue así hasta la llegada de Gramsci…
-Claro, porque Antonio Gramsci (1891-1937) fue más “gentiliano” que el propio Gentile, llevando las conclusiones del Fascismo hasta las últimas consecuencias. Para Gramsci, no es posible ninguna forma de conservación; para él la categoría absoluta es la de “Revolución Total”. Renzo Di Felice (1929-1996) dice que “el fascismo es esencialmente revolucionario, no conservador, porque asume la tesis de la filosofía del devenir”. Exactamente lo mismo pasó en Argentina cuando los Montoneros le demostraron a Perón que lo que seguía era la Revolución, no la conservación.

Perón y el Fascismo en Argentina
-Usted dijo alguna vez que “la Argentina actual es peronista porque adhiere a un pragmatismo ético, y por lo tanto es fascista”…
-Sí. Y te lo voy a explicar. La presencia de Perón en Italia, que coincidió con el advenimiento del Fascismo, fue decisiva para su evolución política. El Peronismo no es más que la traducción vernácula del fascismo italiano, sólo que Perón no habla de “Resurgimiento”. Habla de una categoría parecida: “Evolución”.

-¿Cómo definiría en términos filosóficos al Peronismo?
-Como un praxismo que anuló la categoría de Revolución propuesta por Gramsci. El Peronismo es un mundo sin valores donde lo que importa es el poder acumulado. Y a esto, los peronistas lo saben muy bien, porque tienen un olfato especial para el poder.

-¿Por qué el peronismo no asumió la categoría de Revolución?
-Porque fue conservador al estilo del “actualismo” de Gentile. Pero a mi juicio, así como Gramsci fue “más actualista que Gentile”, los Montoneros fueron más peronistas que Perón al pensar en la categoría “Revolución” y no en “Evolución”. Hace poco, me encontré con un viejo texto de Firmenich que me dio la razón. Decía “nosotros los Montoneros somos más peronistas que el propio Perón”.

-¿Firmenich le daba la razón a Gramsci?
-Totalmente. Y esa es mi tesis. Además, ese fascismo llamado Peronismo ¿qué ética ha generado en el país? La de un praxismo donde lo que importa es la acción para la acción que equivale a poder. Lo fundamental en el peronismo es el mantenimiento y la conquista del poder. Por eso se entiende que sea peronista un Perón, un Menem o un Kirchner. Todos diferentes pero todos unidos en esta lógica.

-¿Por qué?
-Porque en el momento de Menem convenía sostener la bandera de lo liberal, pero en la época actual conviene otro discurso. Y mañana vendrá otro peronista que reniegue de Kirchner. En la fiesta del primero de mayo, había peronistas que fueron ultramenemistas y que estaban aplaudiendo “el fin de la década infame del ´90”…Daba risa…

Sobre el Kirchnerismo
-¿Y a este gobierno cómo lo ve?
-Este gobierno, ideológicamente, está cerca de los Montoneros. O sea que lo lógico sería que aplicara la categoría de “Revolución” a ultranza. Pero por cierto que no lo hace, ya que la mayoría de estos “ex revolucionarios” han devenido en burgueses; es decir, se han acomodado a la situación vigente. Del ideal que tenían en los ´70 habrán aplicado el uno por ciento. Además, el matrimonio gobernante tenía una fortuna ¿qué revolución van a hacer entonces?

-¿Cómo definiría al gobierno?
-Digamos que tiene una tendencia al totalitarismo laicista contemporáneo, es decir, de la “irreligión occidental”, que consiste en pensar que no puede haber ningún elemento religioso que constituya al Estado. Y la prédica es “cuidado con los fundamentalismos religiosos”. Pero hay un fundamentalismo que se llama “laicismo” y del cual nadie habla.

-¿Y cuál es ese fundamento laico?
-El que vimos cuando se aprobó la ley del matrimonio homosexual, por ejemplo. En esa discusión, los religiosos no podían hablar. Los únicos que tenían la palabra autorizada eran los laicos. Como para ellos no hay Dios ni orden natural ni principios morales, todo puede ser decidido a través de las leyes hechas por los hombres. Y así se hizo.

Lasa, ¿es usted Fascista?
-Una vez, a usted le preguntaron “Lasa, ¿es usted fascista?
-Sí… (risas). Fue un señor en Córdoba al que yo no conocía entonces y me preguntó a modo de saludo si yo era fascista. Entonces como respuesta, yo largué una soberana carcajada. El hombre se quedó mirándome como diciendo “este tipo está totalmente loco”. Y después, cuando me dio tiempo, le expliqué el disparate que estaba diciendo. O sea, lo más contrario al fascismo es alguien que sostiene la metafísica, como en el caso mío que estoy en la filosofía cristiana, lo que equivale a aceptar principios perennes en la realidad.

-¿Y el fascista no acepta ninguna categoría eterna?

-No, porque como lo dijo Di Felice, para él todo está en perpetuo movimiento. La única categoría “eterna” que existe es, justamente la de “fascistas” aplicada a los demás para matarlos civilmente. Son ellos los fascistas y muchas veces ni lo saben.